Arnaldo González, un criollo de Ucacha Imprimir
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Se recuerda desde muy chico apegado a los caballos; fue boyero ‘cuando no había alambres en las chacras’ y formador de caballos de polo. Proveniente de una familia humilde y numerosa, asegura que logró todos sus sueños. Agrega que La Nazarena es el fruto de la perseverancia y de tantos esfuerzos. Reconocido entre los criollos de distintos puntos del país; mencionado permanentemente en Jesús María; Don Arnaldo González es un referente siempre dispuesto a colaborar con los amigos. Fue el primer presidente del Centro Tradicionalista Martín Fierro y desde hace muchos años tiene su propia agrupación gaucha. Festejó sus 77 años desfilando por las calles del pueblo en el Día de la Tradición. LEA LA NOTA COMPLETA

 

 

Arnaldo González, un criollo de Ucacha

 

Se  recuerda desde muy chico apegado a los caballos; fue boyero ‘cuando no había alambres en las chacras’ y formador de caballos de polo. Proveniente de una familia humilde y numerosa, asegura que logró todos sus sueños. Agrega que La Nazarena es el fruto de la perseverancia y de tantos esfuerzos. Reconocido entre los criollos de distintos puntos del país; mencionado permanentemente en Jesús María; Don Arnaldo González es un referente siempre dispuesto a colaborar con los amigos. Fue el primer presidente del Centro Tradicionalista Martín Fierro y desde hace muchos años tiene su propia agrupación gaucha. Festejó sus 77 años desfilando por las calles del pueblo en el Día de la Tradición.

 

     Acompañado por su compañera de siempre, Rosa Elina Sosa, más conocida como ‘Nena’, Don Arnaldo González apura un mate que pronto pasará a manos de los amigos que se llegan hasta La Nazarena, su predio, para hablar de caballos. El menciona a sus hijos Rubén; Gerardo (‘Lalo’); y Marta y dice cada vez que puede que son su mayor orgullo. Muestra sus recados, monturas, lazos y que quizás pueda destinar esa habitación repleta a un muestrario donde exponer su identidad gaucha. La ronda del mate continúa y con ella las palabras de este hombre, nacido hace 77 años en Alejandro Roca, que asegura que pudo cumplir todos sus sueños: “papá fue capataz de los Lagos y anduve siempre con los caballos. Mi padre domaba en aquellos años junto con Don Vicente Quiroga, que fue número uno, para mí en Ucacha Don Vicente fue el mejor. Y yo detrás de ellos, de mi padre y de Quiroga, siempre. ¡Y soñaba tantas cosas cuando era chico! Mi padre comentaba que los chicos de los Lagos tenían campera de gamuza; nosotros veníamos de familia muy humilde, muy pobres éramos, 7 hermanos. Siempre soñé con estar en una feria, estar en un campo, soñé con tener una pieza así como esta donde guardo mis cosas, ¡lo juro por mi mamá que está en el cielo! -se emociona y florecen algunas lágrimas que trata de disimular- Tengo muchísimas cosas, algunas que he ganado, otras que las hago yo y también lo que me han regalado. Y bueno, todo se me dio. ¡La vida me brindó tanto!, tengo una familia de la que me siento muy orgulloso; tuve la campera que tanto deseaba; fui encargado en un campo 18 años donde crié a mis hijos, donde tuve tropillas entablado y tropilla de doma. Y caballos muchos, porque era un campo grande, La Asturiana, de 3  mil hectáreas. Allí crié a mis hijos. Al tiempo me vine y estuve trabajando en la Feria, empecé con Soppe y terminé con Scaglia, luego tuve que dejar por problemas de salud -se lamenta-. Pero en todos lados siempre me encuentro con amigos y con satisfacciones; en Santiago del Estero tiempo atrás el intendente de la ciudad y el gobernador de la provincia me entregaron una plaqueta, he cosechado muchos amigos en Santiago del Estero y… ¡en todos los lugares que frecuenté!”.

     González, que ha montado y soportó los embates de los pingos, viene de una compleja cirugía en el corazón que no pudo doblegar su voluntad de fierro. El presente lo encuentra como siempre: aferrado fuerte a las riendas de la vida. “Me siento muy bien; hace unos días anduve un poquito bajoneado pero ahora me siento bien, agradezco a Dios que estoy bárbaro”, dice mientras familiares admiten que Arnaldo últimamente está ‘más sensible, con más nostalgia’. Y esa sensibilidad tiene que ver con sus recuerdos, que como una película proyecta imágenes de otro tiempo cargadas de afectos: la infancia humilde pero única junto a sus hermanos Rolando; Alfredo; Nélida; Ernesto; Aidé; Atilio; y se recuerda como el benjamín, el Arnaldo niño corriendo tras ellos. Sus padres, José María Gonzales y Rosa López, esforzándose para el sostén diario. “A Aidé muchos la recuerdan como la ‘bombachera’, era costurera reconocida y sus prendas se enviaban a EEUU para sobrinos de una familia de aquí”, agrega.

 

-          En el pueblo se sabe que en La Nazarena vive un criollo, reconocido no sólo en Ucacha sino en buena parte del país

-          La verdad es que sí, cuando no tengo gente en mi casa me siento raro, un poco mal. Gracias a Dios y a la Virgen todos los días tengo gente que viene a tomar mate, a hablar de caballos y de lonjas y, bueno…; pero en general estamos hablando de caballos criollos. Hay amigos que están muy abocados a los caballos criollos. Ésa es mi pasión: los caballos. Y digo que me siento mal si un día no viene alguien. Tengo muchas visitas y a fin de mes se gasta mucho en yerba en casa (se ríe).

-          ¿Sus recuerdos con los caballos son desde muy niño?

-          Sí, de muy chico siempre me recuerdo con los caballos. La debilidad mía es el caballo, fue así toda mi vida. Yo fui boyero cuando no había alambres en las chacras, en los campos. He criado chanchos, caballos, pocas vacas porque en esos años ya no había tantas. Después, con el correr del tiempo, tuve la suerte de ser empleado de Don Reginaldo Moore, le cuidaba los caballos de polo a Alejandro, mi otro patrón que jugaba al polo. Gracias a ellos conocí Palermo, San Isidro y todas las canchas de polo de Buenos Aires. Yo paraba en Hurlingham y el domingo jugaban en un lado, el martes en otro…; así fue que conocí mucho, andando por Venado Tuerto, Río Cuarto, allí donde íbamos todos los años a hacer caballos nuevos y luego de estar listos nos dirigíamos a Venado y a la provincia de Buenos Aires: Villegas, Ameghino, Blaquier y todos esos lugares. Y eso lo hacíamos por tierra, no había camiones en esos años. Salíamos desde acá, desde La Negrita y sería larga la charla si me pongo a nombrar a todos quienes en esos años me acompañaban, porque no iba solo. Siempre Don Reginaldo me mandaba con algún otro porque llevábamos 8 ó 10 caballos. Y todo lo hacíamos por tierra, hasta Blaquier y Villegas, entre 60 y 70 leguas; no lo hacíamos en un solo tirón, digamos, porque íbamos hasta Canals, de allí a Pueblo Italiano donde parábamos unos días en una estancia. Estamos hablando de mucho tiempo atrás, yo tenía 18 años y era livianito y me gustaba; además le digo una cosa, yo siempre fui a recado y cuando entré con esta gente tuve que acostumbrarme a montura, a la montura inglesa. Chocho yo de la vida con todo eso.

-          Seguramente usted ya tenía aptitud por el oficio, por ello le confiaban la tarea.

-          Sí, la señora Margarita recuerdo que le decía a una hermana mía mayor, ‘Arnaldo tiene un don para los caballos’. No sé, y bueno…, al saber yo esas cosas más ponía para que los caballos anduvieran. Mire hasta lo que hemos hecho, junto a uno o dos ‘petiseros’ y por más que nos pagaban toda la comida y el hospedaje, en Villegas dormíamos en los corrales. En invierno hacíamos reparo con los faros de los caballos y con una manta o dos hacíamos el ‘rancho’; dormíamos ahí para estar cerquita de los caballos y no ir a 2 mil o 3 mil metros a la rural. Estábamos más cómodos así.

 

     El pasado 8 de febrero González cumplió 77 años y lo festejó sobre su caballo, desfilando con amigos en un nuevo aniversario del Centro Tradicionalista Martín Fierro. Ése es su ámbito, se sabe admirado y respetado, con muchos amigos que agrandan su referencia: “yo creo que mis amigos son de primer nivel. A raíz de eso y si uno va derechito sale todo bien, si camina ladeao se va a caer… Y donde voy todos preguntan, o donde van mis hijos, siempre preguntan y se preocupan de uno. Es así que se van sumando los buenos amigos”.

 

-          En el Festival de Jesús María lo mencionan siempre y a través suyo a nuestro pueblo

-          Sí, pero la verdad es que hay mucha gente capaz. Aunque realmente de los de antes, los que sabían andar muy bien a caballo, muchos ya se han ido, todos por la edad. En el caso de Jesús María, por aquellos años solía a venir a Feria Miranda un chico por los remates de yeguarizos. Se hizo amigo y paraba en La Asturiana, cuando yo estaba en el campo. Y a través de él hice otras grandes amistades. Me decían: ‘a Ud. que le gustan tanto los caballos debe ir a Jesús María.’ Y fui varios años, Bársena me insistía, me invitaba a su casa y todo. El amigo andaba bien, desgraciadamente  falleció tiempo atrás. Aquella vez fui por tres días y me quedé las diez noches. Se me volaron de las manos aquellas diez noches; me escondieron la poca ropa que había llevado para que no me viniera. Había y sigue existiendo una gran amistad con esa familia. Ahí conocí a mucha gente. Y desde ese momento es que integrantes del jurado, como el Maino y su hijo Santiago, el Hugo Caranta y otros, cuando vienen por el pago o por aquí cerca pasan a saludarme, viene a mi casa. Y nos llamamos bastante tupido con estos amigos. Hay algunos animadores, Fassi es uno de ellos, que son muy buenos. Tenemos muy buenos profesionales en la provincia de Córdoba, como Ramello, que para mí es un verdadero profesional. Los ha pasado al resto, es muy ‘campero’ para decir, conoce mucho de pelaje, de recado, donde va el abajero…, sabe el hombre.

-          Usted tiene una anécdota muy linda con él, no?

-          Bueno, Ramello dijo algo lindo el año pasado, cuando pasamos por el palco oficial de La Carlota. Prácticamente me echó la culpa a mí de su incursión por el escenario, porque nosotros lo hicimos subir por primera vez aquí, en un festival que hicimos en La Nazarena. Otro muchacho, el ‘zorrito’ Ávila, dice lo mismo, ¡cuántas veces me han dicho ‘Gracias Don Arnaldo’! Son las cosas lindas que me brinda la vida.

-          Fue el primer presidente del Centro Tradicionalista Martín Fierro de Ucacha, ¿es un orgullo?

-          Sí, claro. Y esto nació porque estábamos ligados a La Carlota, donde también tengo amigos y siempre digo de lo tanto que aprendí de ellos, son unos criollos bárbaros. Hace 26 años comenzábamos con el Centro Tradicionalista gracias a Don Pedro Migueltorena porque fue quien insistió para que hiciéramos una agrupación local. Fuimos entonces varias veces a La Carlota para asesorarnos y un buen día nos decidimos. Nos juntamos en la Feria de Irazusta, estaba el amigo ‘negro’ Tissera quien esa noche recuerdo dijo que nunca había visto tanta gente para conformar una comisión. Y se conversó bastante allí, éramos muchos, algunos de ellos hoy finados. Y Don José María Gómez, al tiempo de antes levantó la mano y pidió la palabra, dijo ‘a mí me parece que tiene que ser el Arnaldo el presidente’. Todos dijeron que sí y entonces estuve cuatro años y medio. En realidad éramos todos presidentes, todos vocales y cuando salíamos, lo digo con mucho respeto y humildad, hacíamos quedar bien al pueblo. ¡Si habremos traído premios!

-          El premio es una consecuencia del trabajo previo; en estos días que he venido a verlo estaba siempre trabajando, a su edad está siempre haciendo algo.

-          Sí, ahora mismo me preguntaba ¿para qué quiero 8 ó 10 peguales?, ¿para qué un montón de sillas, un montón de rebenques?, ¡si con uno me basta! Bueno, es para prestar, y lo hago con gusto. Todo lo que yo hago son cosas de trabajo, no sé trabajar en fino. Hago algunas chucherías pero en fino nada; hay dos juegos de soga que no los hice yo, el resto lo hago todo aquí en casa. Tengo mucho y hay cosas que nunca las usé, son para los amigos, eso me hace sentir bien.

-          Cuando alguien requiere de algún consejo o de algún caballo acuden a usted.

-          Bueno, cuando yo hago alguna atención no me gusta luego echarla en cara, es feo. Pero en este momento los Gonzales somos cuatro o cinco y sin embargo he buscado caballos para 13 o 14, y los tusamos y preparamos. El otro día me dijo alguien, ‘si no consigue caballo usted ¡quién va a conseguir entonces!’ Tengo esa suerte, Dios gracias, de que los amigos me prestan, saben claro que los queremos, los cuidamos y tratamos bien.

-          Usted junto a su señora tomando mate en La Nazarena es toda una postal.

-          Tiempo atrás vino una chica del pueblo casada con un norteamericano, sacaron fotos e hicieron postales justamente. Todas esas cosas son reconfortantes, son cosas lindas.

 

     Arnaldo logró sintetizar su vida y su pasión en un espacio único, un predio que cuenta con todo lo que un criollo anhelaría. “La Nazarena nace de otro de mis sueños, de tener una quinta propia. Siempre soñé con esto y se dieron las cosas; en esos años tenía muchos caballos y un auto, se vendió el vehículo y algunos caballos porque tenía que entregar 4 millones de aquellos tiempos en julio y otros cuatro en diciembre para la compra. Y mi patrón, el Doctor. Quirós, me hizo dar un crédito en el Banco. Cuando pagué la segunda cuota en realidad no pagué nada, por esas inflaciones pagué muy barato. Así se fue dando entonces esto lo de La Nazarena, que no se puede acomodar como uno quiere porque no puedo trabajar como antes y en algún tiempo la cosa no anduvo bien. Después dispusimos con el hijo Rubén el comprar un auto, ya teníamos la plata. Pero de algún lado salió la pregunta, ¿y si en vez del auto hacemos un campo de doma? Así empezamos a comprar postes y un montón de amigos nos dieron una mano, por eso tenemos todo para las paleteadas, corrales buenos, con luz para bajar y cargar caballos. Y se hicieron varias domas en este lugar, generalmente para beneficio de alguno que necesitaba por distintas razones. No quiero anticipar nada pero hay una idea de hacer algo, anda por ahí dando vueltas. Y cuando se haga algo, pegamos un grito y tenemos enseguida tres tropillas sin costo alguno, los animadores los tenemos, el capataz de campo también…, bueno, tenemos muchos amigos con ánimos de ayudar. Toda esa gente no nos cobra nada, es más, los vamos a incluir en el programa sin avisarles siquiera porque, como digo siempre, ¿para qué somos amigos?”, ríe entusiasmado Don Arnaldo, quien hace ya más de 20 años que tiene su propia agrupación gaucha ‘Amigos de Ucacha’. Luego describe del esfuerzo y de lo duro que fue cuando, hace ya algunos años, un ‘conocido’ les entró y robó cosas de mucho valor. ‘Nena’ escucha y asienta, vuelve a poner el agua para otra ronda de mate y juntos continúan mencionando a gente amiga, algunos que ya no están, como Daniel, que falleció en un accidente automovilístico y provocó un gran dolor, ‘era como un hijo para nosotros’. Arnaldo se emociona al hablar de Yamila Cafrune, la folclorista hija del inigualable ‘turco’ Jorge Cafrune. Con ella desfiló en distintas oportunidades, dice que la admira y agradece a toda su familia, que frecuentó. Y fue así que en alguna ocasión los Cafrune le pidieron a Arnaldo que se sentara encabezando la mesa y Yamila hasta le pidió ‘la bendición’, “como si fuera su Tata, como se acostumbraba”. Las historias y anécdotas se suceden, mate en mano, mientras ‘Nena’ sintetiza con precisión que en su casa “se desayuna caballo, se almuerza caballo, se merienda caballo y se cena caballo”.-